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BIOGRAFIA DEL CONTRAALMIRANTE BARTOLOMÉ L. CORDERO

Por: Capitan de navío (RE) Magister Tomás Merino

Bartolomé Leónidas Cordero prestó servicios en las fuerzas navales argentinas durante más de 51 años, desde el 5 de junio de 1841, cuando era un preadolescente de tan solo 10 años y 9 meses, al embarcar en el bergantín “General Belgrano” como guardiamarina, hasta su fallecimiento con el grado de contraalmirante el 5 de septiembre de 1892

La finalización del bloqueo francés al río de la Plata, llevó a que el enfrentamiento entre la Confederación Argentina y el gobierno del Estado Oriental del Uruguay a cargo de Fructuoso Rivera, a partir de 1840 se ampliase, de las acciones que ya se desarrollaban en tierra, a las aguas, que representaban un gravitante centro de recursos y particularmente de las comunicaciones con el exterior.

Rivera remontó su escuadra que puso al mando de John H. Coe; y Rosas recurrió al veterano brigadier general Guillermo Brown, que con 64 años, desde febrero de 1841 alistó la escuadra de la Confederación.

Bartolomé, huérfano de padre a poco de nacer el 24 de agosto de 1830, era el benjamín del matrimonio formado desde 1813 por Benita Beruti, sobrina de Antonio Luis Beruti, quien durante la Revolución de Mayo distribuyó junto con French las cintillas que identificaban a los patriotas, y por José Antonio Cordero, oficial escribiente que prestaba servicios en la Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813 y luchó cuando le fue requerido como militar, falleció alrededor de 1830. De los hijos varones, el primogénito había sido fusilado por orden de Horacio Quiroga en Tucumán luego de la batalla de La Ciudadela en noviembre de 1831, y sus hermanos mayores José María y Mariano se habían incorporado a las fuerzas navales en 1835, y estaban embarcados en otros de los buques de la escuadra. Bartolomé L. Cordero, quedo al embarcar sus hermanos único varón en su casa, y fue ahijado por Manuelita Rosas, hija del gobernador.

El 11 de junio siguiente recibió su despacho de guardiamarina, y al respecto dice su foja de servicios: “...desembarcó con el ayudante de la escuadra D. Álvaro Alzogaray para ir a recibir sus despachos de Guardia Marina de manos de S.E. el Gobernador Delegado D. Felipe Arana, quien después de haberle entregado los despachos le hizo un largo discurso de sus deberes como militar y como ciudadano, y muchas reflexiones como de un padre a un hijo, las que a pesar de su poca edad no cejaba de reconocer justas y agradecer el vivo interés que se tomaba por él y en pocas palabras, y quizá mal articuladas por la timidez que es propia a un niño de 11 años no cumplidos aún, dio las gracias y las seguridades de ser fiel a su Patria. Volvió a bordo del "Belgrano", donde el Almirante lo recomendó a todos los oficiales y les dijo le enseñaran y le atendieran en el servicio y fuera de él."

Desde el ingreso al servicio le cupo batallar rudamente a las órdenes del almirante Brown, recibiendo su bautismo de fuego el 3 de agosto de 1841, combatiendo contra la escuadrilla oriental frente a la desembocadura del Santa Lucía, cercana a Montevideo, durante el cual su buque mantuvo un sostenido cañoneo con la “Sarandí”, nave insignia de Coe, y dejó fuera de combate a la goleta “Rivera” al mando de Francisco Fourmantín. El 9 de diciembre del mismo año participó en el combate de las barrancas de San Gregorio en la costa del actual departamento de San José, y el 21 de diciembre en el combate denominado de la Isla de Flores, aproximadamente 10 millas al este de la Bahía de Montevideo.

El 15 y 16 de agosto de 1842 tomó parte en el combate de Costa Brava sostenido en el Paraná por la escuadra de la Confederación contra la escuadrilla que mandaba José Garibaldi, mereciendo por su actuación en este combate, los elogios del Almirante Brown y ser recomendado a la consideración del gobierno por su valor heroico revelado al abordar y cortar la mecha a dos brulotes que lanzó la escuadra adversaria contra la fuerza al mando de Brown, hazaña que ejecutó en un pequeño bote tripulado con 4 hombres.

Cuando regresó con la mecha a bordo el valiente oficial Brown lo abrazó diciéndole:
“Yo daré cuenta al Gobierno de su valiente comportación. Usted será con los años la gloria de la escuadra argentina.”
“Lo que usted ha hecho en cumplimiento de su deber es mucho para su edad; pero así se forman los hombres”.

Después de la tentativa abortada de abordaje por la gente de Garibaldi este lanzó esa noche un nuevo brulote incendiario. Bartolomé L. Cordero se ofreció para inutilizarlo pero el almirante se opuso diciéndole: “no, señor, Ud. ha hecho ya bastante para sus débiles fuerzas”, y mandó en su lugar al baqueano Luis Cabassa.

Al día siguiente, después de un tiroteo que fue apagándose poco a poco por parte de Garibaldi, el almirante Brown dio la orden de abordaje. Garibaldi sin municiones para resistir, antes de emprender la huída a través de la provincia de Corrientes, prendió fuego a sus buques haciendo volar dos de ellos. Quedó humeando el pailebot “Joven Esteban" poniendo en peligro los buques de Brown. Este llamó al guardiamarina Bartolomé L. Cordero y le dio la orden de ir a apagarlo diciéndole: “Vaya Ud., que tiene suerte para la guerra, y vea si puede apagar ese otro fuego como el de anoche.”

El joven oficial partió a desempeñar la nueva comisión, pero de repente se encontró con otro bote que le disputaba la gloria y el peligro: lo mandaba su hermano Mariano.

Tuvo lugar entonces entre los dos una verdadera regata, hasta que el bote más liviano se impuso, llegando a bordo del buque peligroso, su oficial y tripulación saltaron encima con baldes y hachas. El fuego salía por el castillete de proa, la pólvora estaba en la bodega y la mecha se encendía con rapidez: diez minutos más y volaba el buque. Bartolomé L. Cordero había salvado por segunda vez la escuadra de Brown en el combate de Costa Brava.

Garibaldi, por tierra, salvó el resto de sus hombres y fue con ellos a aumentar el número de los defensores de Montevideo.

Con posterioridad al robo de la escuadra de la Confederación por parte de las fuerzas navales francesas e inglesas y de la batalla de Vuelta de Obligado, acaecidos en 1845, en las jornadas del 25 y 26 de diciembre de 1846, participó en el reñido combate de Paysandú, como oficial de la artillería de desembarco acantonado en la ciudad, allí se destacó por la valentía con que defendió la plaza contra los ataques simultáneos que desencadenó Fructuoso Rivera, mandando 2.500 hombres y con la cooperación de los buques franceses "Alcacien" y "Tactique". Bartolomé L. Cordero quedó gravemente herido en la sangrienta acción, y cuando los riveristas penetraron en la ciudad después de repetidos ataques a la bayoneta, lo hallaron inconsciente al pie de su cañón, con todos los sirvientes muertos, ¡una bala se había detenido en una libreta que llevaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta! Rivera felicitó el singular valor desplegado por aquel muchacho en tal difícil trance.

Durante 1847 se embarcó en buques de la Confederación que tenían que cumplir misiones arriesgadas, tales como forzar el bloqueo anglo-francés sobre el Puerto de Buenos Aires y conducir armas y municiones al ejército de Manuel Oribe que sitiaba la capital uruguaya, como igualmente a la provincia de Entre Ríos, con destino al ejército de Urquiza.

Como premio a su arrojo, el 10 de junio de 1847 fue promovido a subteniente con antigüedad del 25 de diciembre del año anterior, fecha del memorable y ya mencionado combate de Paysandú.

En 1849 fue asignado como subteniente al pailebote “Julio”, a las órdenes del coronel José María Pinedo. Fue el responsable de recibir los cañones capturados por los ingleses en el Combate de la Vuelta de Obligado, devueltos tras la paz con esa nación.

Actuó en los preparativos de una escuadra destinada al Paraguay, hasta que el pronunciamiento de Justo José de Urquiza suspendió los aprestos.

En 1852, con posterioridad a la batalla de Caseros, el almirante Brown lo recomendó al gobierno de la Confederación en forma honrosa, que lo incorporó a sus fuerzas y le ascendió a teniente el 4 de marzo.

En este mismo año se produjo la invasión a la provincia de Entre Ríos por las fuerzas del estado de Buenos Aires mandadas por los generales Manuel Hornos y Juan Madariaga, transportados por la escuadrilla al mando de Antonio Somellera el 3 de noviembre de 1852.

Atacaron el departamento de Concepción del Uruguay, pero Bartolomé L. Cordero, con 22 años de edad, organizó la defensa de esta ciudad, repeliendo el ataque de los invasores, Bartolomé con ello logró el ascenso a capitán el 29 de noviembre siguiente. Previo a estas acciones hubo intentos por parte de emisarios de Buenos Aires de comprar la voluntad de Bartolomé L. Cordero, que este rechazó con energía.

El 1º de enero de 1853 se incorporó a las fuerzas del general Hilario Lagos en el sitio histórico de Buenos Aires y participó en la batalla de San Gregorio el 22 de enero del mismo año, donde fueron derrotadas las fuerzas de Buenos Aires mandadas por el coronel Pedro Rosas y Belgrano, que cayó prisionero.

Poco después Bartolomé L. Cordero fue nombrado ayudante del coronel John H. Coe, que había asumido como jefe de la escuadra de la Confederación, y cuando fue capturado el vapor “La Merced” fue puesto a su mando.

En el combate de Martín García, librado el 18 de abril de 1853, la división participante de la escuadra de la Confederación Argentina compuesta por 4 buques (tres vapores y un bergantín con 19 cañones en total) al mando de Mariano Cordero, se enfrentó a la escuadra de Buenos Aires (6 buques a vela con 38 cañones), mandada por Florián Zurowsky.

El vapor “Correo” comandado por Mariano Cordero y llevando a remolque al bergantín “Maipú” a cargo de su hermano José María, el vapor “La Merced” comandado por Bartolomé L. Cordero, junto al vapor “Constitución” al mando de Santiago Maurice, con menos artillería pero mayor movilidad, vencieron a la escuadra porteña, en la que solo se destacó la goleta “Santa Clara” al mando de José Murature, que en el entrevero enfrentó a “La Merced” de Bartolomé L. Cordero.

La consecuencia de este combate fue el bloqueo de Buenos Aires, cerrado por tierra y por mar.

Lamentablemente este bloqueo cerrado terminó dos meses más tarde, luego que el comandante de la escuadra de la Confederación John H. Coe, por cinco mil onzas de oro, el 20 de junio de 1853 entregó la escuadra a las autoridades porteñas. Varios comandantes de los buques confederados también fueron sobornados. Solo los tres hermanos Cordero junto con Augusto Laserre y Santiago Maurice permanecieron leales y debieron huir de los buques que pusieron proa a Buenos Aires.

Coe, al día siguiente de la traición, abordó la corbeta estadounidense Jamestown rumbo a los Estados Unidos, antes de esto quiso estrecharle la mano al ya anciano General Paz quien le respondió: "¡El General Paz no saluda a traidores!".

El 21 de enero de 1854 Bartolomé L. Cordero fue promovido a sargento mayor.

Reiniciada la guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires en 1859, su hermano Mariano Cordero recibió la orden de Urquiza de remontar una escuadra para enfrentar nuevamente a la porteña, ese alistamiento lo realizó en Montevideo, y desde agosto de 1859 con la escuadra casi lista operó en el río de la Plata, incluso con incursiones frente a Buenos Aires.

Completado el alistamiento, la escuadra al mando de Mariano Cordero remontó el río llevando, además de los buques, un importante cargamento de cañones, municiones y pertrechos para el ejército de la Confederación que pelearía en Cepeda. Nuevamente los hermanos Cordero recibieron propuestas para traicionar al gobierno de la Confederación, que rechazaron también en esta oportunidad con energía.

Para esa travesía los porteños tenían dos puntos fuertes: la isla Martín García fortificada y la escuadra al mando de Antonio Susini que operaba en San Nicolás cerrando el Paso del Tonelero.

Al mando del vapor “Hércules”, Bartolomé L. Cordero participó el 14 de octubre de 1859 del combate de Martín García, cuando las fuerzas del Estado de Buenos Aires de la Isla de Martín García intentaron evitar el avance de la escuadra de la Confederación. Bartolomé L. Cordero recibió dos heridas y en el fragor del combate salvó a la goleta “Concepción”, salvando así la mayor parte del armamento utilizado por el ejército de la Confederación luego en la batalla de Cepeda el 23 de octubre siguiente. Este fue un acto muy temerario, primero debió acallar las baterías de la isla y aproximarse luego a ellas para tomar a remolque a la goleta. Las tripulaciones de los buques de la escuadra de la Confederación prorrumpieron en entusiastas ¡vivas! cuando Cordero realizó esta hazaña.

La escuadra de Buenos Aires al mando de Antonio Susini quedó descolocada al remontar los buques al mando de Mariano Cordero el delta del Paraná a través del Río Ibicuy y el brazo Paraná Pavón, en lugar de utilizar el cauce principal del río Paraná. Las naves de la escuadra de la Confederación sufrieron varias varaduras, Susini les perseguía pero no logró alcanzarlas, y arribaron a su destino: el puerto de Rosario.

El 25 de octubre de 1859 participó en el encuentro naval de San Nicolás de los Arroyos, donde la escuadra de la Confederación atacó a la escuadra del Estado de Buenos Aires que evacuaba desde ese puerto las tropas vencidas en Cepeda.

Se dice que el gobierno porteño intentó nuevamente el cohecho, como había hecho con Coe en 1853, autorizando a pagar 5000 onzas de oro, pero los Cordero rechazaron airadamente la propuesta.

Bartolomé L. Cordero fue promovido, por el gobierno de la Confederación, a teniente coronel el 11 de agosto de 1860.

Bartolomé L. Cordero, previo a la batalla de Pavón, marchó a Córdoba donde formó parte del ejército de la Confederación, organizando y disciplinando su artillería. Tras la derrota de la Confederación en la batalla de Pavón, previéndose una invasión a Entre Ríos, se le encargó levantar dos baterías en Punta Gorda, Diamante. Por orden de Urquiza también quedó de jefe de la escuadra de la Confederación para su desarme en el puerto de Paraná, por haberse pasado en un bote a la escuadra porteña su comandante, el coronel Luis Cabassa.

En noviembre de 1861 fue reconocido como coronel graduado de las fuerzas armadas de la Confederación Argentina.

Al asumir la presidencia de la República el general Mitre en 1862 y disueltas las fuerzas navales de la Confederación, fue nombrado capitán del Puerto de Paraná.

El 19 de octubre de 1864 contrajo matrimonio en Buenos Aires, con Luisa Antola, de 17 años de edad, entrerriana, de este matrimonio nacieron cinco hijas: Clara Benita, Josefa Felisa, Isabel Valentina, Luisa Natividad y Virginia Cordero. También nació un varón que se llamó como su padre: Bartolomé Cordero.

Durante su permanencia en Paraná como Capitán de Puerto, junto a su hermano José María elaboraron un proyecto para la creación de una Escuela Naval Militar, así como el reglamento que debía regir su funcionamiento.

A principios de la presidencia de Sarmiento, y siendo capitán del puerto de Gualeguay, Bartolomé L. Cordero, escribió un proyecto de Escuela de Marineros y Oficiales que fue muy elogiado.

El 14 de noviembre de 1869 Bartolomé L. Cordero fue ascendido a coronel graduado, recibiendo la efectividad del empleo varios años después, en 1879.

EI 1° de junio de 1870, estando Bartolomé L. Cordero en Buenos Aires, el presidente Sarmiento le ordenó hostilizar y someter a los rebeldes partidarios de Ricardo López Jordán de Gualeguay; para esa misión sólo contó con el vaporcito "Daiman", armado con 1 cañón y tripulado con 25 hombres. Con tan exigua fuerza marchó a esa localidad; allí logró someter al jefe político Calderón y al coronel Tejera, que tenía 800 rebeldes a sus órdenes. Por este notable hecho, Sarmiento le dio el mando de una escuadrilla para hostilizar a los rebeldes en el río Uruguay.

En septiembre de 1874, al producirse la sublevación de la escuadra dirigida por Erasmo Obligado contra el gobierno constitucional, Bartolomé L. Cordero fue llamado por el Presidente Sarmiento. Asumió el mando de la cañonera “Uruguay” que había sido recuperada luego de varar y perder valor militar para los sublevados, y junto con los vapores “Pampa”, “Puerto de Buenos Aires” y “Don Gonzalo” conformó la 1ª División a su mando, bajo las órdenes del designado jefe de la escuadra Coronel Py. La escuadra leal sumaba, a los buques ya mencionados bajo el mando de Bartolomé L. Cordero, al “General Brown”, “Coronel Rosetti” y “Pavón”.

Perseguidos los buques rebeldes, después que se rindieron, Cordero pasó al río Uruguay para impedir el pasaje de López Jordán desde de la República Oriental del Uruguay hacia Entre Ríos.

Concluida esta comisión se le confió a Bartolomé L. Cordero el comando del monitor “El Plata”, que fue entregado en Liverpool, Inglaterra y que luego de trasladarlo al río de la Plata, permaneció como su comandante hasta 1881. Entre 1876 y 1877, luego de escribir el “Reglamento de Condestables” que fue adoptado por el gobierno, funcionó a bordo de “El Plata” bajo su control directo la Escuela de Condestables de la Armada (artilleros).

En 1878 Bartolomé L. Cordero con el monitor “El Plata”, fue destacado a Corrientes para desarmar fuerzas sublevadas en las ciudades de Bella Vista, Goya y Esquina contra el gobernador Manuel Derqui.

El 14 de septiembre de 1879, recibió la efectividad del empleo como coronel, jerarquía que ostentaba como graduado desde 1869.

El 19 de noviembre de 1879 se reorganizó la Armada Argentina quedando conformadas las Divisiones Navales Primera, Segunda y Tercera, Bartolomé L. Cordero que retuvo el comando del monitor “El Plata”, fue designado comandante de la Primera División, integrada además por la corbeta “Paraná”, las bombarderas “Constitución” y “Bermejo” y el aviso “Resguardo” . En esa oportunidad se puso en vigencia el “Código de señales para la Armada” proyectado por Bartolomé L. Cordero, cuya necesidad se había puesto de manifiesto al incorporarse los buques de la escuadra de Sarmiento, y que rigió hasta después de 1892.

Con posterioridad a los actos en Buenos Aires realizados el 28 de mayo de 1880 por la Repatriación de los restos del general José de San Martín, durante la revolución del gobernador bonaerense Carlos Tejedor, Bartolomé L. Cordero al comando de la 1ª División Naval, leal al presidente Avellaneda, bloqueó Buenos Aires. Luego de estos hechos, fue ascendido a Comodoro, con fecha 9 de julio de ese año.

Nuevamente, en 1880, fue también a bordo de “El Plata” un emisario del gobierno de la provincia de Buenos Aires a comprar a los hermanos Cordero. Sin los ruegos de su hermano Mariano, Bartolomé L. Cordero hubiera hecho colgar de las vergas al vergonzoso comisionado.

En 1881 Bartolomé fue designado para vigilar en Inglaterra la construcción del acorazado “Almirante Brown”, regresando a su mando un año y medio después. La tradición oral familiar recuerda que Bartolomé L. Cordero habría recibido a bordo a su madrina Manuelita Rosas, y mostrándole el casco de color minio del acorazado en dique, le hizo recordar los viejos tiempos que compartieran en Buenos Aires hacía muchos años, ella como una joven mujer y él un inquieto niño al que ahijaba.

En 1884 comandó la escuadra de evoluciones formada por los acorazados y monitores "Almirante Brown", “Plata" y "Andes" junto con otros buques, evolucionando en la boca del Río de la Plata por espacio de 5 meses.

En 1886 comandó la escuadra compuesta esta vez por los acorazados "Almirante Brown", “Plata" y "Andes" junto con las corbetas "Argentina", "Paraná" y "Uruguay", y complementada por algunas torpederas. La ejecución de los ejercicios navales demandó tres meses de operaciones en el mar. El 30 de septiembre de ese año ascendió a la jerarquía de Contralmirante (General de División).

En 1886 también confeccionó el “Reglamento de banderas, insignias, honores y saludos” y el “Reglamento de uniformes”, siendo ambos igualmente adoptados por el gobierno y en uso hasta después de 1982.

En 1887, por tercera vez, tuvo el mando de la escuadra por espacio de siete meses. En esta oportunidad la escuadra de evoluciones estuvo integrada por los acorazados y monitores "Almirante Brown" y “Andes” , crucero "Patagonia", corbetas "Argentina", “Paraná" y "Uruguay", aviso "Azopardo" y cuter "Bahía Blanca" con 4 torpederas. Cumplió una campaña de 6 meses a Bahía Blanca.

Ese mismo año, con la 1 ª División Naval, Bartolomé L. Cordero operó en la costa más inmediata al golfo de San Matías, en busca de una base futura para la escuadra, en atención a que Zárate ya no era puerto para buques como el "Almirante Brown" y "Patagonia".

En 1889 Bartolomé L. Cordero fue designado vicepresidente de la Junta Superior de Marina, reteniendo el mando de la 1ª División Naval.

El 16 de julio de 1890, cuando el comodoro Solier sublevó unidades de la escuadra durante la Revolución de ese año, Bartolomé L. Cordero fue tomado prisionero por la oficialidad rebelde del monitor “Los Andes” cuando se aprestaba a marchar a la rada de Buenos Aires con dicho buque para batir las naves sublevadas. Sofocado el movimiento revolucionario, fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Armada.

En 1890 fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Armada, puesto que conservó hasta su muerte acaecida el 5 de septiembre de 1892, a las 7.30 horas a, m., a la edad de 61 años, dejando por única herencia a su familia un nombre intachable y el ejemplo de una vida consagrada a la patria.

El gobierno decretó honras fúnebres y durante sus exequias despidió sus restos Adolfo Saldías.

En el año 1884 había adquirido una extensión de tierras en el actual municipio de Contralmirante Cordero, en el extremo noroeste de la provincia de Río Negro, que le fueron cedidas como pago por su labor en la Armada Argentina. Esos campos no los llegó a usufructuar en vida. Dicho municipio lleva el nombre en su honor.

El periódico El Mosquito, el 10 de diciembre de 1892 señalaba como resumen de su vida, que “puede decirse que lo distinguía, además de su valor y de su patriotismo, una honradez acrisolada”. Agregaba que “su vida fue la de un valiente servidor de la Patria, a la que dedicó cincuenta años de servicios tan leales como modestos que le hacen acreedor más que ninguno a pasar a la posteridad”.

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